El libro de la vida del Cordero

La Biblia nos enseña que existe una distinción entre el pueblo de Dios que está calificado para entrar en el reino de los cielos y el que no lo está. El pueblo que practica el desafuero no entrará en el eterno reino de los cielos, sino que será expulsado, sin importar cuánto clamen: “Señor, Señor”, o cuán diligentemente crean en Cristo y profeticen en su nombre (Mt. 7:21-23, Mt. 25:31-46).

Esto es similar a la escena de un puesto de control migratorio. Para ingresar a un país, todos tienen que pasar por la oficina de migraciones del aeropuerto. Pero el puesto de control de migraciones tiene diferentes líneas para los ciudadanos del país o los que tienen una residencia permanente y extranjeros; el primer caso puede pasar por migraciones sin dificultades, solo recibiendo un sello en su pasaporte, pero el último caso tiene que atravesar un proceso un poco más complicado; los funcionarios de migraciones les preguntan cuál es el propósito de su visita y cuánto tiempo permanecerán, para que puedan determinar si son extranjeros que están intentando ingresar al país con malas intenciones o que pueden causar algún daño a la nación.

Lo mismo sucede con el reino celestial: solo los que tengan la ciudadanía del cielo podrán entrar en el reino de los cielos. En cuanto a los que tienen la ciudadanía del cielo, sus nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero.

Los ciudadanos del cielo y el libro de la vida

Aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida son el pueblo del reino de Dios, que puede entrar en el cielo, el reino de la vida eterna. Es una gran alegría y honor que nuestros nombres estén escritos en el libro de la vida.

Lc. 10:17-20 『Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: […] Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.』

Jesús despertó a sus discípulos al hecho de que sus nombres están escritos en el cielo. El hecho de que sus nombres estén escritos en el cielo significa que su ciudadanía está en el cielo.

Fil. 3:19-21 『Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.』

Jesús nos dijo que nos regocijemos por el hecho de que nuestros nombres están escritos en el cielo, y añadió que nuestra ciudadanía está en el cielo. Si el nombre de alguno no se encuentra escrito en el libro de la vida, significa que no puede entrar en la salvación. Por eso, es una gran bendición y gracia de Dios que nuestros nombres estén registrados en el libro de la vida.

Ro. 6:1-5 『¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;』

Para obtener la ciudadanía del cielo, debemos nacer de nuevo por medio del bautismo. El bautismo es una ceremonia en la cual sepultamos nuestra vieja naturaleza pecadora en el agua y renacemos en Cristo. Cuando un niño nace, su nombre se registra en un registro civil. De igual manera, si uno nace a una nueva vida por medio del bautismo, su nombre se registra en el libro de la vida, como un ciudadano del reino de Dios.

Hay muchas personas en el mundo que dicen creer en Dios. No obstante, no todos tienen la ciudadanía del cielo. El “libro de la vida del Cordero” está en Sion donde mora Dios. Por tanto, cuando nuestros nombres son registrados en Sion, la iglesia donde se celebran las fiestas solemnes de Dios, pueden ser registrados en el libro de la vida del Cordero (ref. Sal. 87:5-6, Sal. 132:13-18, Is. 33:20-24, Mt. 16:19).

Bendiciones para aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida

Por medio del libro de Isaías, examinemos nuevamente el hecho de que nuestros nombres pueden ser registrados en el libro de la vida del Cordero solo si están registrados en Sion.

Is. 4:2-3 『En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel. Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes.』

La Biblia nos dice que todos aquellos cuyos nombres estén registrados entre los que quedaren en Sion, y fueren dejados en Jerusalén, serán llamados santos.

En esta tierra, las personas quieren conseguir la ciudadanía de un país desarrollado que tiene una economía firme y poder nacional. ¡Cuánto más valiosa y preciosa será nuestra ciudadanía en el reino de Dios! Las personas nacidas en Sion pueden obtener la gloria de llegar a ser el santo pueblo de Dios como los ciudadanos del cielo. En consecuencia, ser bautizado en la verdad realmente no es algo pequeño. El que está registrado en el libro de la vida es el que puede alcanzar la salvación.

Dn. 12:1-3 『En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.』

El “libro” mencionado aquí, se refiere al libro de la vida. Todos aquelloscuyos nombres estén escritos en el libro de la vida que pertenece al Cordero, serán salvos y serán llamados santos. Dado que esta tremenda bendición los sigue, el apóstol Pablo consoló a los santos de Filipos, diciendo que sus nombres están en el libro de la vida.

Fil. 4:2-3 『Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor. Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.』

El libro de Filipenses es la carta del apóstol Pablo a los santos de Filipos. No solo el nombre del apóstol Pablo, sino también el de todos sus colaboradores en el evangelio, estaban en el libro de la vida. Todos ellos guardaban el Día de Reposo (Hch. 17:2), proclamaban la Pascua del nuevo pacto (1 Co. 11:22-26) y guardaban las fiestas solemnes de Dios.

Aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida

¿Qué sucederá con aquellos cuyos nombres no estén en el libro de la vida? El apóstol Juan describe el destino de las personas cuyos nombres no se encuentren escritos en el libro de la vida, como sigue:

Ap. 20:11-15 『Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.』

Ap. 13:6-8 『Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.』

La Biblia registra que todos aquellos cuyos nombres no estén escritos en el libro de la vida, irán al eterno fuego del infierno, donde serán atormentados eternamente. Todos los habitantes de la tierra, cuyos nombres no han sido escritos en el libro que pertenece al Cordero desde la creación del mundo, todos ellos adoran a la bestia. Es por eso que todos ellos están destinados a ir al lago de fuego. Así, Dios distingue entre aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero y de los que no.

Considerando este hecho, es verdaderamente una gran bendición que nuestros nombres estén escritos en el libro de la vida. Hasta que una persona sea guiada a la verdad, hay muchas situaciones y procesos difíciles de los que no somos conscientes. Después de esas dificultades, esa persona es bautizada y su nombre es escrito en el libro de la vida. Así, necesitamos pensar acerca de cuánto esfuerzo ha hecho Dios en secreto para salvarnos. Siempre demos gracias y gloria a Dios por darnos el perdón de nuestros pecados, a quienes somos débiles e imperfectos en muchos aspectos, y por guiarnos al eterno reino de los cielos permitiendo que nuestros nombres sean escritos en el libro de la vida, como hijos de Dios que tenemos la ciudadanía del cielo.

El libro de la vida del Cordero que está con su Esposa

Así, necesitamos encontrar al Cordero que es el Dueño del libro de la vida. Si sabemos quién es el Cordero mencionado en la Biblia, podremos estar seguros de que el libro de la vida del Cordero es el verdadero libro de la vida.

Ap. 19:7-9 『[…] porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.』

En la Biblia, el “Cordero” se refiere a Cristo (Jn. 1:29, Ap. 5:6). El Cordero que aparece aquí tiene su Esposa, la Esposa espiritual.

Una fiesta de bodas se realiza para hacer conocer a las personas quién es la novia y quién es el novio. Cuando conozcamos correctamente a la Esposa que aparece en el banquete de bodas del Cordero, tambiénpodremos descubrir al Cordero que es el Esposo.

Ap. 21:9-10 『Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios.』

El ángel le dijo al apóstol Juan que le mostraría a la Desposada, la Esposa del Cordero, y le mostró la ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo. ¿A quién representa la ciudad santa, la Jerusalén celestial mencionada aquí?

Gá. 4:26 『Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.』

La Esposa del Cordero es nuestra Madre, y nuestro Padre celestial que está con nuestra Madre es el Cordero mencionado en la Biblia. Así, el pueblo de Dios cuyo nombre está escrito en el libro de la vida del Cordero, debe ser aquellos que moran en la verdad, que están junto con el Espíritu y la Esposa. La Biblia dice que los que son dejados en Sion están registrados en el libro de la vida, entonces, el Cordero y su Esposa deben existir en Sion.

El Cordero, el Dueño del libro de la vida, es Dios Padre que está junto con Dios Madre. El libro de la vida está en Sion donde se celebran las fiestas solemnes de Dios, donde están juntos Dios Padre (el Espíritu Santo) y Dios Madre (la Esposa). Todos los que están registrados en el libro de la vida del Cordero serán llamados santos y salvos.

Los nombres de los que sigan al Cordero brillarán en el libro de la vida eternamente

Considerando todos estos hechos, debemos estar muy orgullosos de que nuestros nombres estén registrados en Sion, donde creemos en Dios Elohim, nuestro Padre Ahnsahnghong y nuestra Madre celestial la Nueva Jerusalén.

No obstante, a veces los que no son los verdaderos hijos de Dios entran secretamente en Sion. ¿Qué dice la Biblia con respecto a esas personas?

Sal. 69:27-28 『Pon maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia. Sean raídos del libro de los vivientes, y no sean escritos entre los justos.』

Dios dijo: “Mis ovejas oyen mi voz”. Los hijos de Dios actúan como hijos de Dios, pero los que no son hijos de Dios no pueden evitar comportarse como hijos que no son de Dios. Aquellas personas, aunque sus nombres estén registrados en el libro de la vida, no logran permanecer en Sion hasta el final y terminan renunciando, porque no pueden cumplir los mandamientos de Dios. Como resultado, sus nombres son borrados del libro de la vida y no son contados con los justos.

La Biblia dice que Dios será una piedra que hace tropezar y una roca que hace caer, un lazo y una red, y Jesús dijo: “Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí” (Is. 8:14-15, Mt. 11:6). Aquellos que miran a Dios desde un punto de vista físico no pueden seguir a Dios que ha venido a esta tierra en la carne. Solo “los que siguen al Cordero por dondequiera que va” podrán recibir finalmente la bendición de la salvación (Ap. 14:4).

Ap. 3:5 『El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.』

El nombre del que venza nunca será borrado del libro de la vida. Nosotros debemos seguir hasta el final al Cordero, el Dueño del libro de la vida, por donde nos guíe, así nuestros nombres nunca serán borrados del libro de la vida sino que brillarán eternamente. También tenemos que predicar correctamente al Cordero y a la Esposa a todas las personas del mundo, para que puedan tener la esperanza de que sus nombres estén escritos en el libro de la vida y esforzarse por ello.

Nuestros nombres están escritos en el libro de la vida, y nuestra ciudadanía está en los cielos. Es por eso que nuestro futuro es brillante. Siempre sintámonos orgullosos de ser ciudadanos del cielo y llevemos una vida santa y piadosa. Somos simplemente extranjeros y peregrinos en esta tierra, donde estamos solo por un corto tiempo. Deseo que todos ustedes, hermanos y hermanas de Sion, entren en el reino de los cielos respondiendo con alegría a Dios cuando llame uno por uno los nombres de sus hijos que están escritos en el libro de la vida, el día que regresemos a nuestra eterna patria.